El sábado que recién pasó me tocó asistir a un evento muy elegante en donde dos personas se juraron amor eterno ante Dios, la iglesia y todos los que ahí estábamos presentes.Inevitablemente la escena me trajo, como en otras oportunidades, recuerdos… buenos, malos, felices, tristes no se, sólo los calificaría de recuerdos…
En el ambiente se respiraba la emoción de la parejita , de sus familiares y los amigos más cercanos, entre los que se encontraba mi flamante acompañante… sus ojos se inundaban de emoción al escuchar una de las tantas veces que se prometieron fidelidad, amor y respeto… Debo reconocer que, a pesar de todo, es algo que de todas maneras emociona, claro que dependiendo de las experiencias de cada uno, es distinto el cristal con que se mira esta ceremonia que por lo demás, cada vez es menos frecuente…
Alguien por ahí me dijo: “…anota bien la fecha, para que cuando se separen sepas cuanto tiempo duraron…” … entre bromas, en todo caso las estadísticas confirman que las probabilidades que a este parcito les pase lo mismo, son realmente altas… claro está que en ningún caso les deseo eso, sino todo lo contrario.
Bueno, todo lo demás fue super, la fiesta, la elegancia de los invitados, la alegría de las familias y por supuesto de los novios… Por mi parte puedo decir que comí rico, bailé más que nunca, sentí que me veía muy linda, por lo tanto me sentí muy cómoda durante toda la noche….
Y se fueron los novios, a su luna de miel, a empezar una vida juntos, a vivir la vida real luego de esta pequeña ventanita de cuento de hadas que vivieron ese día sábado…
De todas maneras me quiero detener en algo… ya está archi conversado, pero no deja de darme un poco de lata cuando pienso en los ojos llenos de emoción del hombre que me acompaña y de lo importante que sé que es para él este acontecimiento y que por las vueltas que da la vida, el hecho de estar conmigo le quita la oportunidad de vivir esta experiencia… es increíble como cada uno de nosotros se inventa su propio paradigma y nos vamos llenando de expectativas y planes para nuestra vida “perfecta” y resulta que finalmente la vida misma se va encargando de demostrarnos que el dicho de “Uno propone y Dios dispone” es muy cierto… Muchas veces nos sorprendemos haciendo cosas que nunca pensamos que seríamos capaces de hacer y por otro lado somos capaces de ceder en cosas que pensamos que eran intransables para nosotros…
En fin, no me arrepiento de nada de lo que he vivido y creo que todo lo que me ha pasado me hace ser quien soy y si, a pesar de todos los errores que pueda haber cometido en el pasado, Dios me ha dado la hermosa familia que tengo, debe ser por algo, quizás porque me la merezco, me la he ganado y porque día a día lucho por ella.